martes, 20 de diciembre de 2011

MASCARA

Marco pensaba que tenía al mundo rendido a sus pies. Caminaba con la mirada empinada. Pisando como si el suelo se fuera a romper. En puntas. Escondido. Escondido de si mismo mostrando una cara que no era la suya. Una alquilada que tuvo que ponerse para no morir de inanición debido a la epidemia de soledad que recorre al mundo por estos días, y que solo se cura con la máscara del dejar de ser que se vende en cada esquina.