domingo, 19 de febrero de 2012

OJOS PERDIDOS

Uyyy,que pena, me dije al ver que sus ojos se encontraron con los míos, y me hicieron bajar la cabeza hasta tocar el pecho con ella. Tensé el cuello y arrugué los dedos de los pies hasta el calambre muerto de pena,  pues no quería que se diera cuenta de que la miraba, pero al final me cogió más de tres veces con la vista sobre ella, y ni modo de hacerme el güevon para disimular.

Con la cara ardiendo, el corazón  a mil y con la emoción revoloteando en el estomago, me puse a pensar quién en realidad miraba a quién, mientras trataba de alejar la tentación de mis ojos por observarla de nuevo:  Lo hacía yo? o..era ella? Porque es que si ella me había sorprendido,  era porque me estaba mirando también. O no? Entonces el corazón se me aceleró más.

Con los latidos encima traté de ubicarla con mirada ceñuda. Disimulada, pues la pena todavía me podía. La contemplé un rato. Uno largo. Uno largo para quién espera que lo miren de nuevo,  y está ansioso por que ello pase lo más pronto posible. Entonces sus ojos, su cara se voltearon y me encontraron de nuevo.

Giró la cabeza de manera abrupta al verme.
Se peinó el cabello con los dedos, y se puso a escribir algo en el B.B. con los dedos ligeros, tan ligeros que dudo que escribiera algo, y se acomodó de lado en la silla seguro escondiendo su piel colorada, y una sonrisa que no pudo evitar le alumbrara el alma.

Yo sonreí también aclarando la garganta, colocando cara de bobo pillado, y quise sacar algo del morral, de los bolsillos, escribir, pararme, sentarme, rascarme la cabeza, el cuello, la nariz, las manos, en fin, moverme, quise moverme, pues la quietud me estaba matando, pero la pena de que se diera cuenta de que estaba nervioso me pudo más, y decidí prolongar la sonrisa fingiendo un bostezo de cansancio que espero no haya detallado.

Alguien había entre nosotros cuando la volví a buscar.
Un cúmulo de personas se fue apiñando de manera apresurada a lo largo del vagón,  haciéndonos perder al uno del otro ante aquel espeso enjambre de cuerpos que nos alejaban como si eses fuera su deseo, y yo quise gritar, llamarla por su nombre pero no me lo sabía, y el único ruido que pude sacar fue un decepcionante y profundo suspiro cuando al volverla a ver, sus ojos se encontraban adormecidos sobre el hombro de un fulano que no supe de donde apareció.

viernes, 10 de febrero de 2012

NUDO

   El nudo en la boca del estomago no me dejaba pensar.
   
   La pantalla del equipo me observaba fría, calculadora y parecía unirse a la mirada ceñuda de los demás compañeros que movían los ojos de un lado para el otro como esperando a que algo sucediera, o para cumplir con el  codigo de vigilancia secreta que regia en el ambiente de trabajo de tiempo atrás.

   Y es que las cosas habían cambiado desde la última asamblea de accionistas cuando se presentaron los resultados económicos de la fundación, y estos no habían sido los mejores. Una sobre carga de trabajo con la disculpa de recuperar el tiempo perdido, se había tomado las oficinas afectando de manera notoria el desempeño y la motivación de todos.

   La presión por los resultados dividió a los compañeros de trabajo. Unos, se dedicarona a trabajar como mulas sin descanso atendiendo cuanto requerimiento laboral llegaba a sus puestos, y otros como mentecatos a jugar con alevosía al espía y al soplón para cuidar lo único que los mantenía vivos dentro de  la organización: Un falso sentido de pertenencia nutrido a punto de comentarios desdeñosos que ponían en duda el buen nombre y la honra de los demás, que surgía cuando su incapacidad técnica y profesional por no mencionar la personal, superaba lo bueno que podían ofrecer.

   Las cosas no iban bien desde la cabeza. El jefe, un tipo lleno de cartones de cuanta vaina ofrecen en administración, era más reconocido por su capacidad de lobby y manejo del discurso ejecutivo, que por ser  un líder natural solidario con su gente, que mantenía el poder a través de una red secreta pero indiscreta de informantes, que le decían al oido lo que el quería escuchar. 

- Santi, me llamó él a la extensión telefónica. Puedes venir por favor?

   No me dió tiempo de contestar. Cuando lo quise hacer la línea estaba muerta. Sin ruido. En silencio. Uno que me hizo sentir el frío de la soledad y preveer lo peor.

- Sientate, dijo cuando entré en su oficina.
- Gracias, contesté.

   Continuó haciendo algo en el portatil mientras me decía cada segundo que que pena que ya terminaba. Que no demoraba pero que le había entrado un correo electrónico en el último minuto y que debía contestarlo de manera urgente. Yo le dije que fresco, que tranquilo, que hiciera lo que tenía que hacer y su respuesta me dió a entender que seguro había escuchado mi voz como voz en off, y  me puse a mirar su oficina para matar el tiempo.

   Me inquieto lo que escribia. En especial después de verlo tirar calculadora moviendo sus dedos como si las teclas estuvieran calientes. Afilé mi vista hacia la pantalla del computador. Arrugué la cara un par de veces para descifrar las palabras del correo. Un negocio de 500 mil dólares estaba en juego. Era la venta de un sistema de información  muy novedoso al que le llevaban dedicando un año de trabajo. La inversión en viajes, cenas, el desarrollo de la muestra estaba en peligro de perderse debido al ingreso de un nuevo competidor que ofrecía lo mismo y más por menos. Le reclamaban que como no se había dado cuenta de la situación si el era el representante de la empresa en el país y le pagaban para ello. Que buscara una solución a la mayor brevedad.

   Me miró de reojo y acomodó el portatil.

- Perdona la demora, dijo.
- No hay problema, contesté
- Necesito me ayudes con un problema de costos. Sé que eres especialista en el tema y me puedes ayudar. Vamos a comprar una CRM (costumer relationship Manager) y necesito analizar su valor.
- Miremos el caso pues también sabes que desde que entré en el compañía no practico en ello, contesté con cara de preocupación.
- Pero Santi si eso es como montar en bicicleta. Nunca se olvida, enfatizó con una sonrisa que leí como falsa y acomodada.
- Veámos en qué.

   Me mostró el proyecto. Era claro que lo que leía no tenía nada que ver con el tipo de clientes que la fundación atendía.  Que a pesar de mi poco conocimiento en la materia, poco relacionado estaba con el área de mercadeo. Sin embargo me hice el desentendido y traté de argumentar algo sobre costos, recordándole que mi experiencia era en costos de producción de productos y no de servicios. No me hizo buena cara al ver que no le pude ayudar.

   Los días pasaron y el nudo en la boca del estomago no pasó. A pesar de que el trabajo continuó arduo y excesivo para los otros, mi tiempo de navegación en internet se hacía cada vez mayor.

El telefono sonó.

- Santiago vienes a mi oficina por favor?

   No pude contestar. como siempre, quedaba con la palabra en la boca cuando quería hacerlo.

- Tu contrato vence en treinta días y no lo vamos renovar, me dijo sin dejarme sentar. La consecución de trabajo ha estado dura y nos vemos en la penosa situación de tomar esa decisión contigo. Eres un elemento valioso y creo que no demoraras en encontrar algo. La fundación agradece tus servicios y esperamos pronto poder contar de nuevo con ellos.
 
   Me entregó una carta que decía lo mismo. La leí pensativo y salí de su oficina sin despedirme. Empaqué mis cosas y me di cuenta que el nudo en la boca del estomago, había desaparecido. 


   

   

   
   

viernes, 3 de febrero de 2012

AGÓNICO

- Ya vuelvo, dijo ella

- Para donde vas? preguntó él en tono extrañado.

- Hacer una vuelta.

- Una vuelta? Hoy? dijo él frunciendo el ceño.

- Sí, hoy. Que es lo que te extraña? contestó ella recogiendo sus cosas y metiéndolas en el bolso.

- Nada...A mí nada... Solo que...

- Que? Entonó ella en seco dirigiéndose hacia el closet para sacar algo.

- Solo que me parece que no...

- Que no qué? Sé claro Antonio.

- Nada. Es tu vida. Tu veras que es lo que haces con ella.

- Sí, es verdad, admitió Natalia mientras regaba el perfume olor a fresa sobre su cuerpo.

Antonio sintió la respuesta en la boca de su estomago. Un cosquilleo recorrió sus extremidades haciéndole acomodar el sentado a medias que tenía sobre la cama.

Carraspeó.

- Y...Te demoras? dijo con el tono todavía difuso.

- No lo sé. Todo depende.

El cosquilleo lo hizo levantar de la cama. Caminar por la habitación de un lado para el otro con el ansia en las manos. Intentó salir pero se devolvió y se sentó de nuevo.

- Y como de qué depende la demora? Interrogó haciendo fuerza por no hablar entre los dientes con los puños apretados.

- No lo sé.

- Pero dijiste que depende. O sea, que debes saber que cosas podrían retrasarte.

- No se... un aguacero repentino. Un trancón de carros. Un turno que se demora de más…

- Turno? Y es que vas par la peluquería?

- No. No siempre que se espera un turno es para la peluquería... o Sí? Dijo ella en tono irónico.

Antonio permaneció callado con los labios morados.

Natalia terminó de arreglarse y se dispuso para salir. Atravesó el apartamento llenándolo del olor a fresa que tenía encima.

Se despidió diciendo que no la extrañara mucho y que se portara bien. Lo hizo con los ojos por encima del hombro, con el bolso colgado de un dedo, bamboleando las caderas mientras un pie seguía al otro en perfecto orden de fila india.

- Quién sabe con quién vas a salir, terminó diciendo Antonio quién iba tras ella insistiéndole le dijera para donde iba.

Natalia no respondió.

Cerró la puerta y salió apresurada. Pudo ver el ojo de Antonio observándola a través de ella mientras esperaba el ascensor.

- Hola, contestó el celular un tono sutil, ligero, buscando ser escuchada por él. Voy para allá. No demoro, terminó de decir mientras ingresaba al aparato.

Escuchó la voz de Antonio gritando confundida con el sonido de un golpe contra la puerta mientras se cerraba el elevador.

Sonrió.

Lo hizo más al ver que el celular estaba apagado.