Como un costal.
Como un costal contra el muro. Apeñuscado. Húmedo.
Enterrado hasta el fango. Aprisionado. Entregado.
No podía decir más. Así me sentía esperando el derecho que me da la vida de vivir bien. De sentirme bien. Pero no dejará de ser un lastre tener que depender de otro. Peor, depender de otros.
Es que nadie siente ni vive lo que uno siente y vive.
Qué podes esperar de alguien que solo espera todo para él, cuyo centro de vida es él, y después llega a reclamarte y a exigirte como si no pasara nada, como si el tiempo se hubiera detenido, del porqué de las cosas?
Lo imagino adulando a la imagen frente al espejo. Adulando y pretendiéndola como si fuera de otro... o de otra?. Quién sabe como se ve. Porque... por fuera está todo claro. Pero... por dentro? Nadie lo sabe. Solo él. O.. ella?
Llevar el control cualquiera lo hace. Pregúntenle a los invasores. Pero la libertad y el respeto van por dentro y allá no caben muchos. Solo yo.
Sentado seguía mirándolo esperando a que hiciera las correcciones y aportes que siempre tenía que hacer, o decir así todo estuviera bien. Al fin y al cabo para eso le pagaban. Para que fuera el jefe.
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