- Ya vuelvo, dijo ella
- Para donde vas? preguntó él en tono extrañado.
- Hacer una vuelta.
- Una vuelta? Hoy? dijo él frunciendo el ceño.
- Sí, hoy. Que es lo que te extraña? contestó ella recogiendo sus cosas y metiéndolas en el bolso.
- Nada...A mí nada... Solo que...
- Que? Entonó ella en seco dirigiéndose hacia el closet para sacar algo.
- Solo que me parece que no...
- Que no qué? Sé claro Antonio.
- Nada. Es tu vida. Tu veras que es lo que haces con ella.
- Sí, es verdad, admitió Natalia mientras regaba el perfume olor a fresa sobre su cuerpo.
Antonio sintió la respuesta en la boca de su estomago. Un cosquilleo recorrió sus extremidades haciéndole acomodar el sentado a medias que tenía sobre la cama.
Carraspeó.
- No lo sé. Todo depende.
El cosquilleo lo hizo levantar de la cama. Caminar por la habitación de un lado para el otro con el ansia en las manos. Intentó salir pero se devolvió y se sentó de nuevo.
- Y como de qué depende la demora? Interrogó haciendo fuerza por no hablar entre los dientes con los puños apretados.
- No lo sé.
- Pero dijiste que depende. O sea, que debes saber que cosas podrían retrasarte.
- No se... un aguacero repentino. Un trancón de carros. Un turno que se demora de más…
- Turno? Y es que vas par la peluquería?
- No. No siempre que se espera un turno es para la peluquería... o Sí? Dijo ella en tono irónico.
Antonio permaneció callado con los labios morados.
Natalia terminó de arreglarse y se dispuso para salir. Atravesó el apartamento llenándolo del olor a fresa que tenía encima.
Se despidió diciendo que no la extrañara mucho y que se portara bien. Lo hizo con los ojos por encima del hombro, con el bolso colgado de un dedo, bamboleando las caderas mientras un pie seguía al otro en perfecto orden de fila india.
- Quién sabe con quién vas a salir, terminó diciendo Antonio quién iba tras ella insistiéndole le dijera para donde iba.
Natalia no respondió.
Cerró la puerta y salió apresurada. Pudo ver el ojo de Antonio observándola a través de ella mientras esperaba el ascensor.
- Hola, contestó el celular un tono sutil, ligero, buscando ser escuchada por él. Voy para allá. No demoro, terminó de decir mientras ingresaba al aparato.
Escuchó la voz de Antonio gritando confundida con el sonido de un golpe contra la puerta mientras se cerraba el elevador.
Sonrió.
Lo hizo más al ver que el celular estaba apagado.
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