El nudo en la boca del estomago no me dejaba pensar.
La pantalla del equipo me observaba fría, calculadora y parecía unirse a la mirada ceñuda de los demás compañeros que movían los ojos de un lado para el otro como esperando a que algo sucediera, o para cumplir con el codigo de vigilancia secreta que regia en el ambiente de trabajo de tiempo atrás.
Y es que las cosas habían cambiado desde la última asamblea de accionistas cuando se presentaron los resultados económicos de la fundación, y estos no habían sido los mejores. Una sobre carga de trabajo con la disculpa de recuperar el tiempo perdido, se había tomado las oficinas afectando de manera notoria el desempeño y la motivación de todos.
La presión por los resultados dividió a los compañeros de trabajo. Unos, se dedicarona a trabajar como mulas sin descanso atendiendo cuanto requerimiento laboral llegaba a sus puestos, y otros como mentecatos a jugar con alevosía al espía y al soplón para cuidar lo único que los mantenía vivos dentro de la organización: Un falso sentido de pertenencia nutrido a punto de comentarios desdeñosos que ponían en duda el buen nombre y la honra de los demás, que surgía cuando su incapacidad técnica y profesional por no mencionar la personal, superaba lo bueno que podían ofrecer.
Las cosas no iban bien desde la cabeza. El jefe, un tipo lleno de cartones de cuanta vaina ofrecen en administración, era más reconocido por su capacidad de lobby y manejo del discurso ejecutivo, que por ser un líder natural solidario con su gente, que mantenía el poder a través de una red secreta pero indiscreta de informantes, que le decían al oido lo que el quería escuchar.
La presión por los resultados dividió a los compañeros de trabajo. Unos, se dedicarona a trabajar como mulas sin descanso atendiendo cuanto requerimiento laboral llegaba a sus puestos, y otros como mentecatos a jugar con alevosía al espía y al soplón para cuidar lo único que los mantenía vivos dentro de la organización: Un falso sentido de pertenencia nutrido a punto de comentarios desdeñosos que ponían en duda el buen nombre y la honra de los demás, que surgía cuando su incapacidad técnica y profesional por no mencionar la personal, superaba lo bueno que podían ofrecer.
Las cosas no iban bien desde la cabeza. El jefe, un tipo lleno de cartones de cuanta vaina ofrecen en administración, era más reconocido por su capacidad de lobby y manejo del discurso ejecutivo, que por ser un líder natural solidario con su gente, que mantenía el poder a través de una red secreta pero indiscreta de informantes, que le decían al oido lo que el quería escuchar.
- Santi, me llamó él a la extensión telefónica. Puedes venir por favor?
No me dió tiempo de contestar. Cuando lo quise hacer la línea estaba muerta. Sin ruido. En silencio. Uno que me hizo sentir el frío de la soledad y preveer lo peor.
- Sientate, dijo cuando entré en su oficina.
- Gracias, contesté.
Continuó haciendo algo en el portatil mientras me decía cada segundo que que pena que ya terminaba. Que no demoraba pero que le había entrado un correo electrónico en el último minuto y que debía contestarlo de manera urgente. Yo le dije que fresco, que tranquilo, que hiciera lo que tenía que hacer y su respuesta me dió a entender que seguro había escuchado mi voz como voz en off, y me puse a mirar su oficina para matar el tiempo.
Me inquieto lo que escribia. En especial después de verlo tirar calculadora moviendo sus dedos como si las teclas estuvieran calientes. Afilé mi vista hacia la pantalla del computador. Arrugué la cara un par de veces para descifrar las palabras del correo. Un negocio de 500 mil dólares estaba en juego. Era la venta de un sistema de información muy novedoso al que le llevaban dedicando un año de trabajo. La inversión en viajes, cenas, el desarrollo de la muestra estaba en peligro de perderse debido al ingreso de un nuevo competidor que ofrecía lo mismo y más por menos. Le reclamaban que como no se había dado cuenta de la situación si el era el representante de la empresa en el país y le pagaban para ello. Que buscara una solución a la mayor brevedad.
Me miró de reojo y acomodó el portatil.
- Perdona la demora, dijo.
- No hay problema, contesté
- Necesito me ayudes con un problema de costos. Sé que eres especialista en el tema y me puedes ayudar. Vamos a comprar una CRM (costumer relationship Manager) y necesito analizar su valor.
- Miremos el caso pues también sabes que desde que entré en el compañía no practico en ello, contesté con cara de preocupación.
- Pero Santi si eso es como montar en bicicleta. Nunca se olvida, enfatizó con una sonrisa que leí como falsa y acomodada.
- Veámos en qué.
Me mostró el proyecto. Era claro que lo que leía no tenía nada que ver con el tipo de clientes que la fundación atendía. Que a pesar de mi poco conocimiento en la materia, poco relacionado estaba con el área de mercadeo. Sin embargo me hice el desentendido y traté de argumentar algo sobre costos, recordándole que mi experiencia era en costos de producción de productos y no de servicios. No me hizo buena cara al ver que no le pude ayudar.
Los días pasaron y el nudo en la boca del estomago no pasó. A pesar de que el trabajo continuó arduo y excesivo para los otros, mi tiempo de navegación en internet se hacía cada vez mayor.
El telefono sonó.
- Santiago vienes a mi oficina por favor?
No pude contestar. como siempre, quedaba con la palabra en la boca cuando quería hacerlo.
- Tu contrato vence en treinta días y no lo vamos renovar, me dijo sin dejarme sentar. La consecución de trabajo ha estado dura y nos vemos en la penosa situación de tomar esa decisión contigo. Eres un elemento valioso y creo que no demoraras en encontrar algo. La fundación agradece tus servicios y esperamos pronto poder contar de nuevo con ellos.
Me entregó una carta que decía lo mismo. La leí pensativo y salí de su oficina sin despedirme. Empaqué mis cosas y me di cuenta que el nudo en la boca del estomago, había desaparecido.
No me dió tiempo de contestar. Cuando lo quise hacer la línea estaba muerta. Sin ruido. En silencio. Uno que me hizo sentir el frío de la soledad y preveer lo peor.
- Sientate, dijo cuando entré en su oficina.
- Gracias, contesté.
Continuó haciendo algo en el portatil mientras me decía cada segundo que que pena que ya terminaba. Que no demoraba pero que le había entrado un correo electrónico en el último minuto y que debía contestarlo de manera urgente. Yo le dije que fresco, que tranquilo, que hiciera lo que tenía que hacer y su respuesta me dió a entender que seguro había escuchado mi voz como voz en off, y me puse a mirar su oficina para matar el tiempo.
Me inquieto lo que escribia. En especial después de verlo tirar calculadora moviendo sus dedos como si las teclas estuvieran calientes. Afilé mi vista hacia la pantalla del computador. Arrugué la cara un par de veces para descifrar las palabras del correo. Un negocio de 500 mil dólares estaba en juego. Era la venta de un sistema de información muy novedoso al que le llevaban dedicando un año de trabajo. La inversión en viajes, cenas, el desarrollo de la muestra estaba en peligro de perderse debido al ingreso de un nuevo competidor que ofrecía lo mismo y más por menos. Le reclamaban que como no se había dado cuenta de la situación si el era el representante de la empresa en el país y le pagaban para ello. Que buscara una solución a la mayor brevedad.
Me miró de reojo y acomodó el portatil.
- Perdona la demora, dijo.
- No hay problema, contesté
- Necesito me ayudes con un problema de costos. Sé que eres especialista en el tema y me puedes ayudar. Vamos a comprar una CRM (costumer relationship Manager) y necesito analizar su valor.
- Miremos el caso pues también sabes que desde que entré en el compañía no practico en ello, contesté con cara de preocupación.
- Pero Santi si eso es como montar en bicicleta. Nunca se olvida, enfatizó con una sonrisa que leí como falsa y acomodada.
- Veámos en qué.
Me mostró el proyecto. Era claro que lo que leía no tenía nada que ver con el tipo de clientes que la fundación atendía. Que a pesar de mi poco conocimiento en la materia, poco relacionado estaba con el área de mercadeo. Sin embargo me hice el desentendido y traté de argumentar algo sobre costos, recordándole que mi experiencia era en costos de producción de productos y no de servicios. No me hizo buena cara al ver que no le pude ayudar.
Los días pasaron y el nudo en la boca del estomago no pasó. A pesar de que el trabajo continuó arduo y excesivo para los otros, mi tiempo de navegación en internet se hacía cada vez mayor.
El telefono sonó.
- Santiago vienes a mi oficina por favor?
No pude contestar. como siempre, quedaba con la palabra en la boca cuando quería hacerlo.
- Tu contrato vence en treinta días y no lo vamos renovar, me dijo sin dejarme sentar. La consecución de trabajo ha estado dura y nos vemos en la penosa situación de tomar esa decisión contigo. Eres un elemento valioso y creo que no demoraras en encontrar algo. La fundación agradece tus servicios y esperamos pronto poder contar de nuevo con ellos.
Me entregó una carta que decía lo mismo. La leí pensativo y salí de su oficina sin despedirme. Empaqué mis cosas y me di cuenta que el nudo en la boca del estomago, había desaparecido.
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